miércoles, 25 de junio de 2008

LUST CAUTION:el sentimiento sin control que se convierte en deseo y peligro


Una tarde de diciembre. Me acerqué a la taquillera y le dije:
- Por favor una entrada para Deseo, peligro.
Sin yo saberlo y, al igual que la protagonista de nuestra historia, la taquillera me dijo:
- Aquí tiene
Y en ese momento, del mismo modo que Wong Tai pagó su entrada para ver un clásico del cine de Hitckot, yo, aunque todavía no era consciente, acababa de empezar una aventura fascinante: mi andadura por una película eterna, una película de las de siempre, una película de esas en las que los latidos de tu corazón son tan intensos que a veces te impiden escuchar los diálogos.
Dio comienzo la película: un grupo de mujeres jugaban al mahjong, la cámara se movía entre sus rostros, y su conservación parecía banal. Apareció en escena el Sr Yek (Tony Leung Chi Wai), una fugaz pero intensa mirada entre él y su joven amante supuso para mí el momento clave: estaba perdidamente enganchada a esta historia.
A partir de aquí todo fueron emociones, todo ganó en intensidad, todo se tiñó de una envolvente admiración hacia la historia, hacia Ang Lee, y por descontado, hacia la interpretación de este pareja de amantes


Este prólogo tan personal tiene una razón de ser. Para los amantes del cine que nos llega desde China, la salida en dvd de la última película de Ang Lee era un deseo, pero nunca un peligro, que todos estábamos esperando. Lust, caution ya puede estar en cualquier videoteca de calidad que se precie, y su historia puede pasar a ser eterna en nuestra retina.

No es necesario que comente que soy una enamorada del cine Ang Lee, de su detallismo desmedido -que otros le han criticado como “regodeo estético”- y de la potencia visual de sus imágenes en donde todo parece encajar con la maquinaria de un reloj. Lust, caution es la exaltación del sentimiento, que a veces no podemos controlar, y que nos encandila en su desarrollo y nos aprisiona en una cárcel de dolor y de pasión. Un sentimiento que supo plasmar como nadie la escritora Ellen Chang, y que Ang Lee, con gran maestría, lo ha trasladado hasta el celuloide.

No es la primera vez que se han adaptado obras de esta escritora. Me viene a la memoria la también intensa y sensual White rose,red rose llevada al cine por mi admirado Stanley Know, con su acostumbrado detallismo y su particular lentitud en la narración. O la menos conocida Eighteen Springs en la que Ann Hui construye un melodrama elegante de toque académico.


Ambas historias se sitúan en el Shangai de los años cuarenta y tienen como protagonista al amor y a las férreas consecuencias que surgen de él. En Eighteen Springs los amores de juventud pasan por tener todo tipo de vicisitudes propias del melodrama, mientras que en White rose, red rose , la escritora – junto con la espléndida adaptación de Kwan- analiza el amor desde un enfoque obsesivo y tortuoso, con la única meta de oprimir al amado, al mismo tiempo que acentúa la soledad de los personajes y el miedo a mostrar sus sentimientos.

En Lust, caution está el germen de estas dos historias pero Ang Lee va un poco más y recrea el Shangai de los años treinta en un contexto de ebullición bélica, y otorga mayor credibilidad a las experiencias y a la naturaleza brutal de sus personajes, en donde el deseo y el peligro están más acoplados que nunca.
Por tanto, ¿qué va a encontrar el espectador en esta película, ahora en dvd? Ante todo, valentía. La misma valentía que Lee ha hecho gala en toda su carrera, desde sus melodramas costumbristas de la primera etapa, al nuevo giro que le dio al wuxia con Tigre y dragón. Desde su particular adaptación de Jane Austin con Sentido y sensibilidad, hasta la frialdad temática y narrativa con la que disecciona la sociedad norteamericana en la Tormenta de hielo, y por descontado la temática homosexual en uno de los mundos más masculinos (Brokeback mountain)
Valentía al contar una historia lo más creíble posible para que el espectador se acerque a una realidad remota. La mezcla de política, historia, identidad nacional, la magia del teatro, el amor, la traición, el erotismo...todo aderezado con gotas de una realidad enmarcada en una historia de amor que puede ser definida como dañina y humana. Unos personajes nihilistas que caen en el juego de intentar conocer sus límites, para sentirse vivos, en un mundo que se les derrumba.

En cuanto a las constantes de la obra de Ang Lee hallamos esa represión emocional característica de casi toda su filmografía. La pareja protagonista se encuentra metida en una situación que se les escapa, aunque pueden tener la fuerza para apoderarse de ella, y desembocar en un final doloroso y vacío.( Mismo caso de los vaqueros de Brokeback mountain, o los personajes de La Tormenta de hielo).
Podemos ver también esa dicotomía entre modernidad y tradición tan fiel en su filmografía, unida a la delicadeza y el virtuosismo estético con la que afronta cada escena.
Un director que seguirá cruzando fronteras y que será fiel a sus principios, pues como ha dicho en una reciente entrevista: “Si no hubiera sentimientos no merecería la pena hacer cine”.
Una película que nos trae el último reto de Ang Lee con una narración perfecta, una puesta en escena magistral y una historia que engancha desde su primer fotograma.
Una película eterna.

1 comentario:

mariola dijo...

¡Ays, por Dios! Que no había leído todavía tu crítica y me has dejado muerta!
Que cada vez que me acuerdo, me vuelve a dar el subidón de esa tarde de diciembre, de lo bien que lo pasamos y lo que me descubriste.
Una vez más, gracias, y como dices, por una película eterna. ;-D