domingo, 20 de diciembre de 2009

Protege de Derek Yee: convivir entre ratas















Los últimos thrillers de Derek Yee nos traducen un mundo sombrío donde la desolación se mezcla con sus personajes y la sociedad se empaña de realismo.
Las señas de identidad de Yee pasan por una narración tensa que combina elementos de acción con pequeños detalles sutiles que nos aproximan a su cultura local. Tiene una habilidad innata para adentrarnos en los entramados de la información que maneja con su historia, al mismo tiempo que explica y entretiene. Puede que sus filmes sean sobrios pero se alejan de toda hipocresía al querer reflejar con fidelidad su sociedad.
A Yee le gusta cuestionarse sobre sus males, y sus interrogantes son como dardos que van directamente hacia el espectador. Si en One night in Mongkok ( One night in Mongkok de Derek Yee: ¿por qué se llama a Hong Kong el puerto de los aromas? )el director se preguntaba, y nos preguntaba, ¿por qué se llama a Hong Kong el puerto de los aromas, si bien la película destilaba toda la pestilencia de los bajos fondos de la ciuda?, ahora en Protege, la cuestión es mucho más directa: ¿por qué las personas se drogan?
Un interrogante que planea sobre dos esferas, la esfera del negocio y la esfera del que la consume, y sobre el cual Derek Yee nos marca la pauta para adentrarnos en el difícil mundo de esta realidad.
Protege es una historia escrita y dirigida por él y está basada en una historia real. Su reflexión, al margen de cualquier matiz moralista, va más allá de la representación de la acción con tintes melodramáticos. Es un ejemplo perfecto para mostrar como la desolación humana gana a la violencia del cine negro.

Protege se abre con un cielo apocalíptico que enmarca a la ciudad de Hong Kong. Nada bueno presagian esas nubes que parecen situarnos en el hades. Descendiendo hasta la superficie la historia se detiene en una casa cochambrosa rodeada de hedor y miseria, en ella un policía Nick (Daniel Wu) se debate entre la difícil decisión de evadirse de la realidad mediante las drogas, al mismo tiempo que se cuestiona por qué ha llegado a esa situación.
A su mente le vienen dos nombres: el de Fan, su vecina enganchada a la droga, y Quin (Andy Lau en uno de sus mejores papeles) supervisor de la manufactura y el tráfico en todos sus niveles.
Son dos personajes que le sirven a Yee para intercalar las dos realidades del negocio. Ella representa a las víctimas, las que sin saber cómo han adscrito su vida a ese pesado yugo. Y Quin es el abanderado de la hipocresía del negociante. Esos que miran su oficio como uno más sin importarle las muertes y las vidas truncadas. Y en medio se encuentra Nick, un policía encubierto, y quizá demasiado ingenuo, que trabaja como infiltrado en la banda de Quin.

La reflexión de Yee es innegable: las drogas matan, pero en este itinerario que nos hace por todos sus recovecos llega a la conclusión de que la gente las necesita para poder evadirse de la sensación de vacío que experimentan, pero, tal como señala Nick: ¿qué es peor, sentir ese vacío o alejarse de él con las drogas?
Sus personajes se mueven en un círculo en el que conviven con las ratas. Porque a pesar de mostrarnos dos esferas, las dos realidades que nos propone Yee forman parte de un único universo. Fan (la vecina enganchada) al final será devoradas por ellas porque según Quin (el traficante) ella ha tenido elección y ha elegido ese mundo.
En una cínica conversación entre Nick y Quin, éste último le aconseja a su protegido que no se relacione con ningún drogadicto porque son los mejores actores que existen y harían cualquier cosa por obtenerla, y porque si se encuentran en esa situación es porque ellos mismo se lo han buscado. Quin, entregado cabeza de familia, representa la hipocresía propia del que quiere justificar sus actos al ponerse una venda en los ojos.
Pero si Fan convive con ratas auténticas, las esferas de Quin (Andy Lau) tampoco se apartan mucho de esa realidad. Su mundo se reduce a la desconfianza, a la corrupción y a la deslealtad, su lema – y así se lo inculca a su protegido- es: “no te fíes de nadie”. Incluso el mismo comerá de esa mies amarga cuando descubra que Nick es un infiltrado.
La gran ambigüedad está representada en el personaje de Nick, infiltrado como una rata, que no pasa de ser una mera comparsa contemplativa en todo este entramado. Su vecina le pide ayuda y el prefiere mirar hacia otro lado, la policía le pide más tiempo como infiltrado y él acepta, inclusive cuando termina el caso quiere seguir actuando como topo, y sus ojos servirán como excusa para que el maestro le guíe por todo el universo de la droga.

La relación que se establece entre maestro y alumno sirve a Yee para presentar una elaborada tesis sobre el universo de las drogas: desde su mezcla en dónde ellos llaman “la cocina” hasta la exhaustiva ruta por el sudeste asiático en el denominado “triángulo dorado”. Toca de lleno la era de la globalización y la modernización del negocio. Explora la necesidad de sumarse a la demanda del mercado sin ningún tipo de remordiendo por las muertes que deja a su paso.
Los remordimientos no caben en esta película, o quizá si. ¿No es por ellos por los que Nick decide evadirse de la realidad? No obstante, suavizando este reflejo de su sociedad Yee no carga las tintas y escenifica una oda al dramatismo. La inocencia de la juventud, la voluntad de una vida que comienza, será la clave para sacar al policía del abismo. A veces, los que tienen suerte, reciben la ayuda de una niña de cinco años muy acostumbrada a tirar jeringuillas a la basura.

Yee describe, a la par que reflexiona, como la ruta de la vida puede quedar sesgada por la ruta de la droga.

3 comentarios:

Chris Waltz dijo...

Creo que de esta hablamos anteriormente, ¿puede ser? Así que si me repito, lo siento:

Esta cinta me recordó un poco a Infernal affairs meets Requiem for a dream, y de hecho, me gustó mucho más que estas dos. No puedo asegurar que retrate el mundo de las drogas de forma verista, porque no lo conozco, pero si me parece más real que varias.

Creo que en filmaffinity le di un 8/10, aquí le doy un 8.5. Interesante de verdad.


En otro orden de cosas, comentar que he visto Vengeance, la última de To [¿no?], y aunque tenía miedo a que con el prota, lo cierto es que está a la altura, sin duda.

Aprovecho también para felicitarte las navidades e instarte a que hagas un especial con tu top [10, 5, ó 3 ó como quieras, hahaha] del 2009, seguro que será muy interesante.

Un abrazo, Nuria.

Nuria Alvarez Macías dijo...

Qué ganas de ver Vengeance, me tengo que poner a la faena.
Particularmente Derek Yee me parece un director con nombre propio, y eso es bien difícil por todo el conjunto de imitadores, que exiten en Hong Kong.
Siempre estoy atenta a sus estrenos.
La temática del infiltrado en el cine de tríadas tiene muchas secuelas y muchas películas pero yo creo que Infernal Y Protege son dos caras de ver una misma realidad, y para gusto del espectador, no se solapan.
(Ya sabes que Infernal es una de mis grandes debilidades jajajja)

Vamos a pensar en ese top.
Ah y Chris lo mismo te deseo: Felices Navidades y mil gracias por tus aportaciones

Un beso

Nuria

Jaime dijo...

Hola Núria,

Antes de nada comentar que llevo tiempo siguiendo su trabajo en la red el cual me parece sobervio.

Permítame que me presente, mi nombre es Jaime Elías y soy director de la revista Bruce Lee Manía, dedicada por completo a la figura de Bruce Lee tanto en su faceta marcial, artística, filosófica y personal. Me gustaría ,a ser posible, poder hablar con usted vía email, le adjunto el mío bruceleemania@gmail.com .

Muchas gracias y feliz navidad

Jaime

www.europeanbruceleeclub.com