domingo, 15 de agosto de 2010

Los dos caballos de Ghengis Khan de Byambasuren Davaa: dos caballos, dos hermanos y una canción.








La nueva película de la directora Byambasuren Davaa, nacida en Mongolia pero residente en Alemania, gira entorno a los mismos ejes en los que se desarrollaba su anterior obra pseudo-documental: dar a conocer la identidad de un pueblo tan rico, culturalmente hablando, como el mongol; y ofrecer una reflexión sobre un modo de vida y un bagaje cultural que está a punto de extinguirse.
Si en sus dos anteriores películas (El camello que llora –véase http://hongkongpasion.blogspot.com/search/label/La%20historia%20del%20camello%20que%20llora%20de%20Byambasduren%20Davaalabel/La%20historia%20del%20camello%20que%20llora%20de%20Byambasduren%20Davaa y El perro mongol) la directora establecía un bello diálogo entre las vida nómada actual de su pueblo con el espectador, en Los dos caballos de Ghengis Khan, la búsqueda de una canción (que se remonta a un pasado medieval) es la excusa para movernos por dos Mongolias, la interior ligada con China, y la exterior, así como para conocer sus ritos, sus tradiciones y sus raíces más longevas.
Las películas de Davaa nos dan la sensación de situarnos ante un mundo perdido, que se mueve entre la serenidad y la belleza, al mismo tiempo que la sencillez de sus habitantes nos da una lección al espectador que, por el frenesí de nuestra sociedad, ha olvidado el gozo del detalle y la ingenuidad de la vida.


Urna, la protagonista de la historia, es en la vida real una cantante de fama internacional. Sus acordes y su lucha por dar a conocer la música mongola llamaron la atención de la directora Byambasuren Davaa, que a gusto en el pseuo-documental decidió embarcarse en un viaje en el que el protagonismo lo tenían las canciones de su tierra y la búsqueda de sus raíces.

Varios siglos después de que Ghengis Khan unificase un Imperio, en la actualidad, la Mongolia unida de Antaño, se encuentra dividida en dos territorios conocidos como la Mongolia interior controlada por China, y la Mongolia exterior con capital en Ulan Bator. Dos Mongolias que comparten un mismo folklore y una misma tradición, dos Mongolias que en realidad tendría que se una. Aunque en la primera impere la belleza de la estepa y en la segunda las edificaciones y la basura propias de la urbe.

Así, la historia se centra en la cantante Urna que llega a Ulan Bator, desde su Mongolia interior, con el propósito de hacer cumplir la promesa a su abuela y restaurar el viejo violín que fue destrozado en la época de la Revolución Popular China. La supresión de las tradiciones y las costumbres por parte del gobierno chino sobre el pueblo mongol hizo que muchos de sus bienes y de su cultura oral se quedase perdida en el tiempo, por ello, toca ahora a las nuevas generaciones recuperar una tradición que se evapora lentamente.
La llegada de Urna a la capital de la Mongolia exterior no deja de ser un choque entre dos hermanos que se entienden pero que han evolucionado de manera distinta. Urna llega ataviada con el traje típico de la estepa, no sabe escribir en cirílico, y sus esfuerzos se centran en restaurar el violín de su abuela, y en recuperar la letra de una canción que, curiosamente, nos habla de dos caballos y de dos hermanos en época de Ghenjis Khan, por tanto estamos ante ¿dos hermanos, o dos Mongolias unidas por un mismo violín?

La directora parte del violín para hablarnos de una reunificación cultural . A través de un viaje folklórico, Urna conocerá al mejor restaurador de violines, que antes de talar el árbol para conseguir la mejor madera pedirá excusas a la diosa-tierra, también hablará con chamanes, será invitada a bodas rurales, hablará con sabias ancianas, y navegará por el mundo rural y urbano con la única voluntad de encontrar y valorar sus tradiciones.
Al final, cuando encuentra a una anciana, que le recuerda a su abuela, y consiga hilvanar la letra de la canción Urna recibe un cántico poético de pureza con su entorno y las notas que salen de su garganta le darán la fuerza necesaria para que su trabajo de recuperación no quede en el olvido.

Por otro lado hay que citar un punto negativo en el proyecto de esta película. Si de por sí el violín, que consigue restaurar, es un instrumento idiosincrásico mongol, también fue atacado por su propio pueblo. La directora y su equipo sufrieron los violentos disturbios que se produjeron en el 2009 en la capital a consecuencia de las protestas urbanas por el fraude electoral del gobierno. Entre ellas el ataque al Palacio de la Cultura de Ulan Bator en donde todos los instrumentos y el vestuario que se utilizó en la película fueron destruidos.
Aún así los mongoles continúan aprendiendo a tocar su violín. Un violín que muchas veces en su historia ha sido destruido, como en tiempos de la Revolución Cultural, pero que tal como dice la directora: “nunca sabemos donde nos llevará el río, pero recopilar las viejas canciones, y cuidar nuestros instrumentos, evitarán que sean olvidadas para siempre…”

2 comentarios:

jngl dijo...

En realidad cuando se destruyeron los instrumentos en 2008, no fue porque atacaron el instrumento en sí, sino porque el edificio de la filarmónica está pegado a la sede del partido que fue acusado de fraude. Así que se sufrieron daños colaterales. Y fueron unos vándalos que hicieron eso, el resto del pueblo respeta mucho el morin khuur...

nuria dijo...

Muchas gracias por la aclaración jngl, la verdad es que el amor a la música y a este instrumento queda de sobra demostrado en la película.

Espero verte por aquí, un saludo