viernes, 19 de diciembre de 2008

Golden chicken de Samson Chiu: no sabemos quienes somos sino valoramos nuestros recuerdos





Ligada con la mirada de Peter Chan, que semanas atrás denominábamos “más allá del cine de acción”, se encuentra la obra de Samson Chiu. Aún a pesar de sus comienzos como ayudante de dirección del John Woo más exhibicionista y pirotécnico del momento, Chiu encontró su sitio en la productora U.F.O creada por Peter Chan bajo los ideales de la libertad creativa y la independencia en sus realizaciones.
Tras la salida de la U.F.O por su fusión con la Golden Harvest (una de las productoras más punteras en el panorama hongkonés), Peter Chan se embarcó en su siguiente aventura: la productora Aplausses and Pictures, con la que subrayó un doble deseo. Por un lado la realización de producciones panasiáticas (The eye por poner un ejemplo), y por otro películas con claro sabor local que hundían las raíces en sus tradiciones.
Golden Chicken, uno de los grandes éxitos de la taquilla hongkonesa en el año 2002, responde a esta última vertiente. Peter Chan en la producción y Samson Chiu como director compusieron una película fresca, fiel a su estilo independiente en sintonía con el público, emotiva y sobre todo con claro acento nostálgico.



A través de los ojos de una entrañable prostituta (una de las mejores interpretaciones de Sangra Ng) la película narra, a medio camino entre la comedia y el drama, veinte años de la historia más reciente de Hong Kong.
Kim es una veterana meretriz que, por accidente del destino, queda encerrada toda la noche en el vestíbulo de un cajero automático, en compañía de un inexperto ratero. Ante la imposibilidad de salir ambos comienzan a entablar una extraña relación que culmina con la narración, por parte de Kim, de su azarosa vida.

La protagonista es una superviviente que, a base de entusiasmo y optimismo, navega entre las crisis económicas, las epidemias nacionales (como el SARS, la destructiva gripe que asoló China), los cambios de gobierno (la devolución de la colonia a China), el desempleo en la excolonia... al mismo tiempo que somos partícipes de su historia personal.
El gran acierto de Samson Chiu es que consigue aunar, o mejor dicho contrarrestar, la dureza de su vida con las fantasías de la protagonista. El mundo de ilusiones de Kim se nos asemeja a un especie de colchón que amortigua su cruda andadura, una especie de bálsamo kármico que dulcifica sus momentos más críticos, y que le hace aceptar la vida como le viene. Precisamente, de ese mundo de fantasías, y acompañados de divertidos cameos del starsytem como Andy Lau, Eason Chan o Tony Leung Kar Fai, provienen los momentos más delirantes.

Pero, muchas veces, el optimismo convive con la desesperación y la frustración, y la historia que nos narra Golden chicken no es la excepción. La protagonista puede tener fantasías pero no se atreve a soñar sobre su verdadero futuro. Puede evadirse, pero es consciente de la realidad de su entorno. Puede cerrar los ojos e imaginar, pero no puede soñar con que sus deseos se hagan realidad.
Aún a pesar de esto, Golden chicken no es una tragedia, viene a ser una metáfora del Hong Kong del año 2002, que aún no se atrevía a soñar. Pasados cinco años de la entrega de la colonia a China, todavía reinaba en el ambiente un aire de incertidumbre- no tan exacerbado como a finales de los noventa- pero sí con la inquietud suficiente para reiterar su máximo interrogante:¿qué camino iba a tomar Hong Kong?

Chiu, y con la mirada de Peter Chan de fondo, ahondaron en este interrogante. Golden chicken puso el acento en la emoción y, narrada desde la nostalgia, subrayó una de las constante del cine de Chan: la noción de la identidad en el pueblo hongkonés.
Los recuerdos, en este caso la propia historia de Hong Kong, se nos presentan como un posible camino para el encuentro o la recuperación de su identidad. Una identidad confusa, ambigua, e inclusive difícil de definir por compartir un pasado colonial británico enraizado con las más fieles tradiciones chinas. Un híbrido de culturas que enriquece una cultura pero que también dificulta el encuentro con su identidad.
Los recuerdos de Kim, los episodios más amargos de su vida, sirven para valorar el sufrimiento. El propio Peter Chan ha comentado en una entrevista: “no sabemos quienes somos sino valoramos nuestros recuerdos”. Por eso la historia de Hong Kong se presenta ante el espectador, a modo de un escaparate de la memoria necesario para encauzar el futuro.

Golden Chicken contó con una secuela, Golden chiken 2 (2003), que reincidió en las mismas premisas con ese tono nostálgico y agridulce. Con su última producción, titulada Mr Cinema (2007), ha retomado la fórmula de Golden chicken al acercarnos a los últimos cuarenta años en la historia de Hong Kong. Pero quizá, y esto sea porque Peter Chan no está en la producción, se aparte más del acento nostálgico y cargue las tintas en lo afectivo. La película, que fue concebida dentro de las celebraciones del décimo aniversario de la entrega de Hong Kong a China peca de ñoña. Bien sea por su condición de película conmemorativa o bien porque se queda en el camino, lo cierto es que Mr Cinema no tiene la valentía suficiente para mostrar algunos de los episodios negros de la historia de China, en general, y de sus repercusiones en la excolonia, en particular. Por ejemplo: no existe ni una sola mención a los trágicos sucesos de Tiannamen (1989) ni a las protestas ni manifestaciones que acontecieron en la excolonia.
Mientras que Mr Cinema es un “agradable” paseo por la historia de Hong Kong, Golden chicken trabaja con el recuerdo desde la nostalgia y hace caer en la cuenta al espectador sobre la importancia de éstos para construir un futuro.
Y todo gracias a una entrañable prostituta.

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