lunes, 25 de mayo de 2009

Confession of the pain de Andrew Lau: la desangelada justicia de los hombres








Desde nuestro punto de vista la renovación del cine negro hongkonés se ha cimentado sobre tres grandes pilares: Johnnie To con la creación de su productora Milkway, como foco de experimentación y redefinición; Andrew Lau con Infernal Affairs y su manera de difuminar las barreras de un género tan férreo como thriller; y por último, una corriente ecléctica a la que podemos denominar neo-noir que se construye desde las aportaciones anteriores y se mueve entre las reformulaciones y la descomposición de códigos.
Pero ¿qué pasa cuándo algunos directores sólo aportan secuelas que imitan al original? Pues que simplemente encontramos “copias” de más o menos calidad que están dirigidas al mercado comercial, pero que carecen de condiciones para enriquecer su panorama cinematográfico.
Pero, vayamos más allá ¿qué ocurre cuándo directores que han plantado cara a los convencionalismos se sumergen en la copia de su misma creación? Cuando esto sucede nos encontramos con películas como Confession of the pain, y con un Andrew Lau que no ha sabido continuar por el camino que él mismo se había trazado.
No queremos decir con ello que Confession of the pain sea una mala película, sino que su director tomó una senda tan fructífera y tan positiva para el cine negro, que decepciona su previsibilidad y la falta de nuevas perspectivas.
Es de justicia añadir que la sombra de Infernal Affairs es demasiado alargada.



En un principio Confession of the pain lo tenía todo para ser una buena película: una atmósfera perfectamente condimentada con una estupenda fotografía y una excelente banda sonora; una pareja de actores (Tony Leung Chi Wai y Takeshi Kaneshiro) con sólidas interpretaciones, un guión relativamente convencional con capacidad para enganchar al espectador, y el tratamiento de temas universales tales como la venganza o la amistad que, cuánto menos, eran muy atrayentes.
Entonces ¿Por qué se ha quedado en el camino? Quizá sea porque esta carcasa tan sugestiva carezca del ritmo necesario para no notar una narración discontinua que, aún a pesar de lidiar con el thriller psicológico, desvela tramas que tal vez hubiese sido más interesante que estuviesen ocultas hasta su desenlace final.

Al igual que Infernal Affairs la historia se mueve entre los pasos de dos hombres, el jefe Lau (Tony Leung Chi Wai) y Bong (Takeshi Kaneshito), uno de los miembros de su equipo. Esta vez son dos amigos que están en el mismo lado de la ley y que a su vez comparten su particular forma de justicia. El jefe Lau escenifica el lado más racional y sabio de su equipo de policías, pero cuando en la escena inicial, persigue y captura a un violador, no duda en golpearlo fríamente a la manera del “ojo por ojo”. Ninguno de sus hombres repudia esta acción, ni mucho menos Bong que mira paciente el término de la venganza. La justicia de los hombres gana a la justicia de la ley.
Una violenta forma de presentarnos a Lau que no se corresponde con el temple y la serenidad que muestra en su vida cotidiana.

La historia se complica al aparecer brutalmente asesinado el suegro del jefe Lau, y Bong que ha abandonado el cuerpo por el suicidio de su mujer, y que trabaja como investigador privado, decide ayudar en la resolución a petición de la mujer de su antiguo jefe. Desde este momento, pues el director nos explicita a Lau como el asesino, la narración pasa a ser previsible y el único motivo que mantiene la expectación es hallar el motivo a tal cruel acción.

La venganza y la amistad pasarán a ser los ejes sobre los que se construyan unos personajes débiles, que no conectan plenamente, y que escasean de las aristas oscuras y ambiguas con los que Andrew Lau dotó a los protagonistas de Infernal Affairs.
Aquí estamos ante personajes heridos, que nadan en su propia melancolía, pero que carecen de la profundidad necesaria para que sus pasiones no se muevan entre el melodrama y las tragedias clásicas.

No obstante, aún a pesar de esta debilidad en la creación de los personajes, hay un tema interesante que el director trató de una manera magistral en Infernal Affairs: el tema de la identificación. La pertenencia a un grupo, a una familia, o a un estilo de vida acorde con sus motivaciones, en Confession of the pain tiene como motor la venganza. Al jefe Lau le arrancan a su familia desde la más tierna infancia, y ese destierro hacia la orfandad le obliga planear minuciosamente su despiadado plan.
“.... Lo perdí todo, a mi familia, mi casa... hasta mi propia identidad...¿qué hubieses hecho tu...” Lau se justifica con estas palabras y Bong afirma que quizá hubiese hecho lo mismo.
Por eso, sólo cuando Lau es consciente de haber conseguido una nueva identidad y una nueva familia con la hija del asesino de sus padres, y debido al atentado que ha cometido contra ella, la culpa pesará más que la venganza y su herida será tan grande que sufrirá la justicia humana de sus propias manos.

En definitiva, Confession of the pain salda las culpas de sus protagonistas bajo un clima aséptico que contagia a los espectadores, que a pesar de envolver su historia con una oscura atmósfera del Hong Kong nocturno, con pisos de decoración minimalista y acordes melancólicos, se queda en una mirada desangelada hacia una de las acciones más apasionadas del ser humano, como es la venganza.

1 comentario:

mariola dijo...

La estuve leyendo ayer.
Haces unas críticas profesionales totales porque no te dejas llevar y sobresale la objetividad del conjunto por encima de todo.
Ya sabes lo que comentamos de esta peli y como a mí sí me pueden los impulsos, lo mejor: TONY. Jajajaja!