domingo, 3 de enero de 2010

Lifeline de Johnnie To: directos a las llamas















Curiosamente Johnnie To se embarcó en el año 1997, año clave en la historia de Hong Kong por su devolución a China, en una realización que no estuvo amparada por su recién creada productora: la Milkway.
Lifeline es la historia de una patrulla especial de salvamento ligada con el cuerpo de bomberos, una historia de auténticos héroes necesaria en un momento sociopolítico en el que Hong Kong quería resaltar sus triunfos en esa especie de orfandad e incertidumbre que vivió a finales de los noventa.
Una de las productoras más afamadas de la excolonia, Mona Fong – segunda mujer de Run Run Shaw mítico fundador de la Shaw Brothers- se unió con To en esta historia de héroes dirigida a un público que necesitaba de tales por el peso de su futuro incierto. Para ello la Cosmopolitan Film Production no sólo contó con el alma mater de la Milkway sino que gran parte de su plantilla de actores participaron en la cinta, así como Patrick Yau (uno de los ahijados de mayor renombre de la productora de To y Kar Fai, (véase. Except the unexcepted de Patrick Yau: "...nadie sabe lo que pueda ocurrir mañana...")que colaboró como ayudante de dirección.


Fiel al estilo de To, Lifeline comienza con su particular estilo de humor. La presentación de los héroes, una patrulla de bomberos conocida por el resto por su mala suerte, se ubica en los pasillos de un hospital. Pero la causa no son las quemaduras, ni las heridas propias de su oficio, el mal se debe a una fuerte diarrea que sufren sus miembros porque la comida de su rancho se encontraba en mal estado.
Asociar la diarrea con los héroes de la historia tan sólo es un ejercicio irónico del director, que si bien no resta ni un solo ápice a la naturaleza aguerrida del héroe, más bien lo engrandece pues al mismo tiempo lo humaniza. No obstante el humor inicial va dejando paso al melodrama, y To nos introduce de lleno en unos personajes que lidian día a día con el riesgo y con la única finalidad de proteger y poner a salvo al ciudadano. Lau Ching Wang (el actor fetiche de la Milkway en esta década) lidera un grupo de bomberos que conviven con sus historias y sus miedos personales. La llegada de un nuevo jefe ( Alex Fong) confrontará dos estilos de entender la profesión que en un principio no encajarán pero que, posteriormente, unirán fuerzas ante el gran villano de la historia: el fuego.

Los personajes de To parecen moverse en tres dimensiones: una ligada con su vida personal, con esas historias mínimas que humanizan aún más su trayectoria, en la que Lau Ching Wang abre la difícil puerta al amor con una doctora que ha intentado suicidarse, Alex Fong debe recuperar el tiempo perdido con una hija apartada por su madre, o Ruby Wong se debate entre su instinto maternal o su pasión profesional.
Una segunda dimensión uniría a los héroes con su profesión, es decir, el enfrentamiento personal frente al fuego. Las distintas formas de afrontar al enemigo de las llamas, ir directo a ellas o esperar órdenes. Y, por último, una tercera dimensión, que anticipa a las películas corales de la Milkway, sería concebir a este grupo de héroes como un todo, es decir, el individualismo se pierde en la coralidad. Y en Lifeline mostrado como un ejemplo didáctico y heroico para el espectador. Así, en esta dimensión grupal podemos encontrar un afán informativo relativo a la dotación del cuerpo de bomberos, la importancia de sus uniformes e, inclusive, los sesenta y seis cuarteles con los que contaba Hong Kong en estos años.
Pero no debemos entender esta unidad de grupo como un todo en la unidad narrativa (como posteriormente veremos con películas como P.T.U), en Lifeline los personajes permanecen unidos por su fidelidad a sus códigos de honor y de actuación, pero la primera parte de la cinta nos extrapola a historias individuales que conviven con sus miserias y sus alegrías.
Y frente a ellos el gran villano,con el que se arriesga el héroe en esta ocasión, es el fuego. La película recoge las pequeñas batallas con la que se enfrenta el grupo protagonista para ir preparando los últimos cuarenta y cinco minutos de cuidada acción en dónde la unidad se queda atrapada en un destructivo incendio. Los efectos consiguen tal plasticidad, que las escenas comparten la peligrosidad y el pánico de la acción con la belleza de las mismas. La luminosidad de las llamas en esos pasillos estrechos y llenos de humo parecen pinturas impresionistas que enmarcan aún más a los héroes en su particular cruzada.
El triunfo frente a las llamas parece imposible pero Johnnie To nos obsequia con un final feliz necesario en ese momento para la excolonia, pues en el mismo año de la devolución a China, cuando Hong Kong no sabía que camino iba a tomar su futuro era impensable que sus héroes fallecieran en el intento. Un final a lo Excepted and unexcepted era inapropiado. En esos momentos era prioritario mostrar la disciplina y la fidelidad en una de las instituciones más heroicas de cualquier sociedad. Era necesario radiografiar al héroe para que el espectador tuviera una asa a la que asirse. Lifeline podía representar los peligros a los que estaba expuesta la sociedad hongkonesa, pero también la tranquilidad por la presencia de unos héroes locales capaz de salir de un pasillo lleno de humo y llamas. Una mirada heroica hacia el futuro.

2 comentarios:

Chris Waltz dijo...

Otra de To que [aún] no he visto, pero que pinta muy bien. A ver si la localizo por ahí.

Un beso, Nuria.

Nuria Alvarez Macías dijo...

Ya me dirás que te parece
Otro beso para ti