lunes, 3 de enero de 2011

Bad Blood de Dennis Law: un intento de thriller-marcial que se queda en el camino.








La fusión entre el thiller de tríadas y el cine de acción siempre conlleva dificultades. Cuando el guión es redondo la acción queda ensombrecida, y cuando por el contrario las coreografías son impresionantes, el guión se convierte en un estereotipo de clichés que lidia con el aburrimiento.
Pocos directores consiguen hacer un buen combinado, a las buenas excepciones de Wilson Yip (aún prefiriéndole en su cine más intimista) o Sammo Hung, se le suman algunos otros que no consiguen sazonar la fórmula perfecta entre uno y otro elemento.
Dennis Law es uno de esos directores que se quedan en el camino.
Law contaba con dos grandes puntos a su favor para que Bad blood fuese una buena película: por un lado es un reconocido entusiasta de las películas de acción de los años ochenta y noventa- y eso se nota en la cinta-, y por otro: fue durante bastantes años el presidente y director ejecutivo de la Milklway (la conocida productora de Johnnie To). Algo del estilo de la Millkway debía de haber dejado su huella en él, pero si bien en películas como Fatal contact, o Fatal Move que podemos darles un voto de confianza si se dejó ver su impronta, en Bad Blood se olvida de esos principios y compagina la acción con una historia de tríadas que no la salva ni los cameos de los habituales de Johnnie To.
Se nota los pasos en solitario de Law en su recién creada productora: la Company Ltd,de financiación privada ,y guiada por su propia fortuna financiera.


Un jefe de tríada es arrestado y conmutado a la última pena por sus negocios ilegales. Tras su ejecución, la organización necesita un nuevo líder en quien recaiga el dinero y el poder de la familia, pero el testamento del antiguo patriarca dice que toda su fortuna será legada a sus dos hijos. La mano derecha del difunto (Simon Yam en un cameo claramente por amistad) insiste que el dinero pertenece a toda la banda. Mientras, Jason el hijo mayor, muere en extrañas circunstancias, y alguien tomará las riendas de la venganza contra los miembros del clan.

El argumento, escrito por el propio Law, responde a simple viste a los convencionalismos del thriller de triadas hongkonés, más si cabe si a ello le unimos unas cuidadas coreografías de acción y una cultura estética compuesta por las peleas de artes marciales o los pandilleros con machetes. Pero este fondo iconográfico no es suficiente para dar solidez a un guión que se pierde entre personajes muy poco sólidos, diálogos insustanciales, y venganzas melodramáticas propias de personajes sobreactuados.

Los cameos de actores de la talla de Simon Yam, Lam Suet o Eddi Cheng no son suficientes para que el peso de la película la lleve un correcto Andy On. El problema radica en el empaque que Dennis Law quiere darle a su historia. Law subraya a través de matices, que muchas veces ponen una sonrisa de incredulidad en el espectador, el deseo de dar sobriedad a su guión. De ahí esa manera de detenerse en las acciones de sus personajes en detrimento del ritmo narrativo: ¿es necesario que Andy On pase más de cinco minutos meditando en el cuarto de baño mientras que todo el clan le espera?
¿Es necesario que Law pretenda dar una supuesta profundad, quizá filosófica, en sus diálogos para que la historia adquiera seriedad? ¿Se puede hablar del tiempo antes de una reunión decisiva que decide el sucesor del grupo?
A este respecto, alguna acertada crítica de Bad blood, ha añadido,
sin apartarse de un tono irónico, que las diálogos de los jóvenes pandilleros en el parque bien parecen atender a debates filosóficos, más que al argot propio de la subcultura triadesca.
Pero al margen de cualquier acotación anecdótica la película falla en el momento que Law quiere apuntilla que se trata de un thriller serio y con “diálogos potentes”.

En cambio el producto se salva es cuando el protagonismo recae en las escenas de lucha. La gran labor de su buen amigo Herman Yau, como director de fotografía, y sobre todo de Li Chung-Chi en las coreografías de acción, hacen que la película adquiera buenas dosis de entretenimiento y de buen hacer.
La lucha entre Andy On y Bernice Liu se alza como una potente y estética lucha más allá de los géneros y el proteccionismo o la jocosidad, con que la historia del cine de acción nos tiene acostumbrados al ver luchar a una hombre y una mujer.

Lo peor, sin lugar a dudas es la falta de verismo y profundidad en los personajes. Y dentro de este contexto Audrey, la hija del jefe del clan, quizá sea el personaje peor tratado. Su evolución de hermana angelical o ángel exterminador no deja de ser un sinsentido que resta la seriedad que Dennis Law parece pedir en toda su obra.
En definitiva Bad blood nos acerca a una batalla sangrienta por el dinero de la familia a medio camino entre los personajes del comic y el recuerdo añejo de esas cintas de acción de las décadas de los ochenta y los noventa.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Young and dangerous de Andrew Lau: la glamourización iconográfica de la tríada








Antes de alcanzar la fama internacional con la magnífica trilogía de Infernal Affeirs, Andrew Lau conquistó al público hongkonés con una saga que marcó un antes y un después en el cine de tríadas. Las seis entregas de Young and dangerous consagraron a su director y, sobre todo, redefinieron la figura del ganster (joven y glamouroso), y expusieron una ética de la tríada, basada en sus tradiciones, pero también en aspectos tan socializantes como la exaltación de la amistad.
Young and dangerous se convirtió en un fenómeno de taquilla y los jóvenes hongkoneses vieron en estos héroes, que pasaron del cómics a la pantalla, una especie de modelo a seguir en cuanto a moda y estilismo. Sus protagonistas se alzaron al status de estrellas locales y muchos de ellos comenzaros sus carreras discográficas como la tradición de la excolonia.
No obstante la saga no estuvo ajena a la polémica pues la exposición de este modo de vida gansteril fue calificado por muchos críticos y sociólogos como una exaltación de la vida en la tríada. La saga parece corroborar cómo los auténticos héroes, con sus buenos sentimientos pero también con sus dotes para matar y extorsionar, se encuentran en este submundo, cierto que podemos hallar esta línea en todas las películas, pero…¿ por qué no contemplar Young and Dangerous como un intento de redefinir el cine de tríadas? Si Johnnie To redefinió el cine negro con su toque humano y verista de sus protagonistas, ¿por qué no afirmar que Andrew Lau apostó por otro camino dan cuerpo a unos personajes del cómics que se movían en estas lindes?


Young and Dangerous es una adaptación de un cómics muy popular en la cultura asiática titulado Teddy Boy (1992) de Lun Yu-Kwok y Man Kam-Hung.
Para su primera historia Andrew Lau recreó esa historia prácticamente como un storyboard del film y, a la hora de narrar la historia utiliza sus viñetas como títulos de crédito o como transición entre escenas.
La historia se centra en el ascenso y auge de una pandilla de amigos en una de las familias de las tríadas. En su camino se encuentran con malvados villanos (como siempre un formidable Francis Ng que consigue que la pélicula gire en torno a su interpretación), con pruebas de lealtad y amistad, peleas entre ellos, pero sobre todo, con un sentimiento de solidaridad que se crea desde niños y consigue perdurar en su edad adulta.

Los héroes (con Ekinj Cheng y Jordan Chan a la cabeza) y los antihéroes (Francis Ng) se introducen en un submundo altamente jerarquizado. Ellos comienzan como peones jóvenes y cargados de ilusión, y también de violencia, por sus manos pasan los negocios típicos de las mafias como la prostitución, la regencia de locales de karaoke, las drogas…y también las crudas peleas con las bandas rivales. Pero al mismo tiempo, por la juventud de sus protagonistas estos aprendices de ganster, también se preocupan de su aspecto físico. Por ello Ekin Cheng no concibe salir a trabajar, inclusive cuando sabe que va a una pelea con sus rivales, sin antes haber pasado por una sesión de estética y peinarse su admirada melena. Así, el glamour y la moda se equilibran con la violencia y la tríada.

Los hombres viven felices en sus códigos de honor, y en su mundo de delincuencia, pero las mujeres son retratadas como mujeres fatales sin el protagonismo que le otorga una historia donde reinan los prototipos masculinos. Todo parece ir bien hasta que se les asigna un asesinato en Macao y comienzan a surgir las luces y las sombras de esa “cultura”.
Los héroes se mueven por un Hong Kong nocturno lleno de luces de neón, lleno de movimiento y lleno de agilidad propia de un submundo peligroso y acelerado.

Una saga que no olvidemos que nació en el año 1996 a un año de la tan “temida” devolución de la colonia a la China continental. Una parte de sus ciudadanos optaron por abandonar la isla, pero la mayoría tuvo que quedarse en su tierra, convirtiéndose así el cine –y el ocio en general- en uno de los sustentos de distracción para la población. Sin lugar a dudas este clima de incertidumbre y esta apuesta por el cine local fueron dos recios pilares para convertir a estos actores en héroes y a esta saga en un éxito sin precedentes.
Una estética pop acorde con sus protagonistas, que quizá quite un poco de verosimilitud a las acciones y las emociones de nuestros “héroes”, sin olvidar que el director se mueve y recrea las coordenadas del comics. La falta de carisma de la pandilla ,del que solamente Jordan Chan consigue transmitir el peso de su papel, se contrarresta con el buen hacer del villano (Francis Ng) y los actores consagrados como Simon Yam.

Andrew Lau apostó por una estética nueva que revolucionó la taquilla, pero si hacemos balance ese mismo año fue el que Wong Kar Wai nos deleitó con el fantástico binomio de Chuicking Espress y Fallen Angels, y eso en términos de revolución rompieron con una estética y aportaron una nueva mirada que ha quedado marcada en nuestra retina.
No obstante Lau , con young and Dangerous, comenzó un camino hacia su madurez cinematográfica que culminó con Infernal Affairs y eso es muy digno de tener en cuenta.

lunes, 6 de diciembre de 2010

The Victim de Ringo Lam: a medio camino entre el thriller y lo sobrenatural







Uno de los pesos pesados de la historia del cine hongkonés en la década de los ochenta ha sido, sin lugar a dudas, Ringo Lam.
Su nombre siempre se asociará con uno de los títulos más impactantes de toda su filmografía: City on fire, donde el director se movió a gusto bajo los principios del heroic bloodshed con esos míticos héroes solitarios que caminaban en pos de su justicia personal acompañados de una violencia, en exceso gratuita, cuidadosamente coreografiada y estudiada.
Hong Kong se asemejaba a una enorme jaula en cuyo interior una bomba de relojería estaba a punto de estallar, en una historia cargada de pesimismo y de personajes poco trazados psicológicamente.
Una década más tarde The Victim se aleja de esas películas denominadas “derramamiento histórico de sangre”, pero de nuevo se mueve a sumergir en una historia pesimista, algo opaca, pero estilísticamente perfecta y perfectamente planificada donde- curiosamente- se introduce en los convencionalismos del suspense.
Ringo Lam, al igual que el resto de los directores-estrella de estas épocas (John Woo o Tsui Hark) se lanzó con todas sus fuerzas a la aventura americana, pero fue perdiendo fuelle antes los semi-descalabros de su etapa hollywoodiense.
Los mejores trabajos de Lam se han realizado en Hong Kong y de ahí el regreso a su lugar de origen, donde ha participado en un curioso “experimento” titulado Triangle, hasta la fecha su última película, donde ha compartido la dirección con otros dos grandes maestros del cine negro: Tsui Hark y Johnnie To.


La mezcla de géneros en el actual cine negro de la excolonia es uno de los “elementos” que mayor éxito han tenido a la hora de redefinir su filmografía y acercar las “nuevas” historias al espectador. Pero lo sorprendente en Ringo Lam es que con The Victim se atreve a fusionar dos géneros, el thriller y el suspense, que si no se equilibran en su justa medida pueden conducir al fracaso.
El guión, del propio Lam y de Joe Mae, nos abre sus puertas a una historia de suspense con fantasmas y casas encantadas incluidos para desembocar en una trama policial opaca aderezada con su habitual pesimismo.

Lau Ching Wan es Mansol un hombre al que misteriosamente secuestran en un parking y Tony Leung Kar Fai es el detective que lleva el caso. La novia de Mansol recibe una llamada que pone a la policía sobre de la pista de la guarida donde esta Mansol secuestrado, una misteriosa mansión llena de fantasmas, ruidos, espejos, y sonidos del más allá.
Allí, en el pasado, el propietario de tan singular casa decapitó a su mujer acusándola de infidelidad y posteriormente se suicidó junto con su hijo.
¿Por qué aparece este hombre en esta mansión, porqué su persona está cargada de suspense y misterio?, ¿es una víctima de los fantasmas del pasado, o simplemente es un hombre desbocado por el pánico y, en consecuencia, se ve afectado su comportamiento?

En este momento la historia se va despegando del suspende y se va introduciendo en la realidad más veraz y contundente. Parece que el thriller va ganando terreno al suspense y nos matiza una realidad hongkonesa con personajes que, desesperados, sufren la estrepitosa caída del mercados de valores que la excolonia sufrió a finales de la década de los noventa.
La ambigüedad de los personajes y la opacidad del guión ayudan a dibujar una historia donde el thriller y el suspende adquieren un grado elevado de química pero quizá, el ritmo lento, se resienta en el resultado final.
Tanto Lau Ching Wan como Tony Leung Kar Fai, en un fantástico duelo interpretativo, encarnan a personajes poseídos y psicológicamente inestables, cada uno en un grado distinto de intensidad, y Ringo Lam los sabe utilizar a la perfección en una historia compleja, cargada de una violencia real –alejada de escenografías y poses estudiadas- acorde con la situación histórica del Hong Kong de esos años.

No obstante, The Victim no es una película redonda, Lam deja muchas cuestiones abiertas y es el espectador el que debe decidir algunas conclusiones. Lo paranormal no puede explicar la crisis financiera que vive el personaje, y los fantasmas no forman parte de una vida donde el robo y el chantaje tienen cabida.
El pesimismo de nuevo hace aparición en esta película donde el espectador se puede preguntar: realmente, ¿quién es la víctima de esta historia?

domingo, 21 de noviembre de 2010

Green hat de Liu Fendou: “…sino tengo miedo al amor, ¿crees que temo a la muerte?...”







Liu Fendou es uno de los más valientes directores con los cuenta el espacio del cine independiente chino. Oriundo de Beijing decidió trasladarse a los Estados Unidos para ampliar su visión cosmopolita de las cosas, pero pronto regresó a china sin haber resuelto muchas de sus inquietudes.
A Fendou no le gusta que lo califiquen con la etiqueta de director de la “Séptima Generación”, pues comenta que no se siente parte integrante de ella. Para él el concepto de Generación conlleva una graduación académica y él se siente al margen de cualquier anclaje.
Tras plasmar sus ideas más novedosas y vanguardistas en guiones reconocidos como: Spring away, Spicy love soup, o la aclamada La ducha, Liu, finalmente, se decidió por crear su propia productora independiente con el nombre de “Electric Orange”. En el año 2004 se reafirmó como director al llevar a la pantalla Green hat, una impresionate ópera prima que dio paso a otra redonda película, Ocean Flame (véasehttp://hongkongpasion.blogspot.com/2009/09/ocean-flame-de-liu-fendou-la-ley-del.html)
Liu demostró en ambas lo bien que sabe contar historias complejas sobre los sentimientos y la dificultad de comunicarlos.


Dos historias inconexas pero unidas por el azar del destino sirven al director para que flote en el ambiente un interrogante de difícil respuesta: ¿qué es el amor?
Por un lado,un joven despechado que veía todo su futuro en América es capaz de asaltar un banco para encontrarse en la nueva tierra prometida con la mujer a la que ama, pero esa mujer ya ha decidido rehacer su vida con otro.
Por otro un funcionario de la policía negocia con ese atracador para que suelte a un rehén. En medio de la conversación el atracador le dice al policía: ¿qué es el amor?


En la antigua China el personal de los burdeles llevaba una bufanda verde en señal de humillación, de esa tradición ha quedado que cuando un hombre es engañado por su esposa, o por su novia, se dice que lleva una gorra verde. Y estos dos hombres que se ven en la necesidad de contestar a esa pregunta sobre el amor llevan esa gorra que les recuerda su sufrimiento y su humillación.
Al primero le llega la infidelidad a través de la distancia y al segundo por sus problemas de erección. ¿Es por tanto el amor sinónimo de humillación?, o como nos dice el atracador a través de una fábula, ¿es el amor descender por un barranco hacia la nada?
Ambos coinciden sobre la importancia de no tener miedo al amor, puesto que si no le tienes respeto, ¡mucho menos lo vas a tener a la muerte! ¿Puede el amor existir sin el sexo, o viceversa?

Las historias que nos presenta Feidun nos conducen a través de los sentimientos más intensos, donde el amor, la impotencia, el sufrimiento, la desesperación e inclusive el humor más amargo, y se entremezclan en un tapiz donde la violencia, hacia uno mismo o hacia los demás, viene a ser una buena respuesta del director para expresar el amor como humillación, el amor enmarcado en esa gorra verde.

Y ese enfrentamiento de los protagonistas al amor, o ¿deberíamos decir al desamor?, se mece el perfecto ritmo pausado de estas asombrosas historias, donde la impecable fotografía se apoya en una poética gama de verdes.
Fendou defiende que es un director independiente cercano al cine de arte y ensayo pero con el acento puesto en la narración en base a la difícil lucha de la humanidad por amar y sentir.
Green hat es una película brutalmente sincera, aún a pesar de que su director intente descolocar al espectador en su fase inicial. No en vano el comienzo de su ópera prima no deja de ser, cuánto menos, sorprendente. Un hombre, al que no se le distingue bien sus facciones, grita en una playa en compañía de su amigo. Cuenta una historia con connotaciones pornográficas que desemboca en un argumento de ciencia ficción para terminar con la conclusión que quiere el director: “esto es una película de arte y ensayo”.

¿Qué es el amor?....la pregunta sigue sobrevolando por nuestra existencia.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Man on the Brink de Alex Cheung: “estoy sufriendo diferentes vidas”








Uno de los pilares centrales del nuevo cine negro de la excolonia se encuentra en la trilogía de Infernal Affairs (http://http//hongkongpasion.blogspot.com/search/label/Infernal%20affairs%3A%20la%20trilog%C3%ADa). La temática del doble infiltrado con el trasfondo budista, y la presentación de un Hong Kong minimalista y posmoderno, han generado una multitud de secuelas que bien desde la imitación, o la inspiración han ido cimentado un hueco, a veces en exceso repetitivo, en su cinematografía.
Pero con todo lo que esta trilogía ha tenido de revolucionaria sus raíces se pueden encontrar en algunas películas de la década de los ochenta, cuando la Primera Ola del cine hongkonés estaba en su apogeo, cuando directores tan significativos como Tsui Hark o Alex Cheung –quien hoy centra nuestro interés- abordaron un cine negro crudo, violento y sin contemplaciones.
En concreto Alex Cheung con su particular estilo directo y sin ningún tipo de artificio, escribió y dirigió una historia que bien puede definirse como el antecedente de Infernal Affairs: Man on the Brink.
Un policía infiltrado en los límites de dos vidas: la que oculta, y la que cada vez está más empujada a vivirla al límite. Un policía que no quiere ser lo que es, y un miembro de tríadas que no comparte su realidad. Un descarnado retratado donde años más tarde los personajes de Tony Leung Chi Wai y Andy Lau hundirían sus matices.


Los comienzos de Alex Cheung están ligados con las películas experimentales de 8 mm que en los años setenta significaban una ventana abierta a ese nuevo cine que la Primera Ola reclamaba, al margen de las grandes productoras.
En 1974 Cheung se unió a una de las cadenas televisivas del panorama hongkonés, y desde allí dio el salto a la TVB donde ya pudo realizar lo que él realmente quería: sus dramas contemporáneos colmados de verismo e idiosincrasia local.
A su vez y gracias a estos dramas televisivos por capítulos Cheung consiguió entrar en la industria fílmica de la todavía, por entonces, colonia inglesa.

A finales de los setenta el director sorprendía a la sociedad hongkonesa con dos dramas poderosos relacionados con los policías y el submundo de las tríadas: Cops and robbers (Véasehttp://hongkongpasion.blogspot.com/search/label/Infernal%20affairs%3A%20la%20trilog%C3%ADa3A%20la%20trilog%C3%ADa…) y Man on the Brink donde desde el primer fotograma el director quiere dejar constancia de la ambigüedad existente entre policías y ladrones.
A Ah Chui, un policía de nobles sentimientos, se le ofrece la posibilidad de ser un policía encubierto para conectar, a su vez, con un agente infiltrado que desea volver a ponerse el uniforme. Ah Chui acepta su misión imaginándose como un héroe pero la realidad es que cada vez se ve más involucrado en la vida de las pandillas callejeras donde la extorsión y el robo es su estilo de vida.

Cheung nos presenta a su protagonista sumido en la confusión. La realidad soñada y heroica con la que parte Ah Chui se va transformando paulatinamente en tal estado de desconcierto que nos sabe si es policía o ganster. Vive y experimenta sensaciones contradictorias en una especie de tierra baldía de la que es incapaz de salir. Como él mismo expresa: “…ya no quiero ser un héroe, entre las lágrimas y la sangre voy caminando por el filo de la navaja…”
Man on the Brink nos demuestra la dificultad de muchas personas, ancladas en el Hong Kong de principios de la década de los ochenta, para encontrar un camino. Muchas veces ahogados por el entorno social la violencia se convierte en su única subsistencia y, bien seas un policía o un mafioso, o inclusive cuando uno se encuentra tan sumergido en el mundo del infiltrado, la confusión es capaz de hacer sucumbir a un ético policía en la espiral de sangre y violencia más cruenta.

Por ello Alex Cheung se preocupa por mostrar una Tríada sin ningún tipo de glamour y a diferencia de Infernal Affairs el Hong Kong que recrea es sucio y a ras del suelo, no como en las azoteas llenas de luz donde se enfrentaban Andy Lau y Tony Leung Chi Wai.
Muy al contrario Ah Chui convive con los problemas sociales de su generación: la prostitución, el juego, el robo, la corrupción…y- paradójicamente- el mundo de dónde los causantes para que quede atrapado en un túnel oscuro del que no tendrá salida.

Apoyado en un estilo realista y con un tono muy directo Man on the Brink es una llamada de atención al destino de una sociedad que vaga confusa y sin posibilidad de definirse. Un verismo que a su vez está diseccionado con el estilo tan característico de la Primera Ola: experimentación en los encuadres, historias sencillas y directas, agilidad en el montaje y una buena planificación secuencial.
Al igual que el protagonista de esta historia, en los años ochenta, Hong Kong caminaba en los bordes, en ese filo de la navaja, a una década de la tan temida devolución de la colonia a China.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Battle of wits de Jacob Cheung: donde los guerreros no vuelan y las batallas son a ras del suelo.
























Uno de los directores que más ha comulgado con el realismo, tanto en la forma como en el fondo, ha sido Jacob Cheung que bajo el manto de la Segunda Ola del cine hongkonés y arropado por una mirada sincera y no exenta de humanismo, ha sabido dotar a sus historias de un toque social a medio camino entre la reflexión y la denuncia. Su película Cageman(http://hongkongpasion.blogspot.com/2009/08/cageman-de-jacob-cheung-la-voz-del.html), ya comentada en este blog, responde muy bien a esos intereses. Pero si con frecuencia Cheung ha dirigido el objetivo hacia su realidad más circundante, en su última película, Battle of witts, un sobrio drama épico, ha puestos sus miras en el cine histórico que tan de moda pusieron en su momento Zhang Yimou con El secreto de la flor dorada, o Tsui Hark con Siete espadas.
No obstante la película de Cheung es la antítesis de esos dramas donde el virtuosismo visual (El secreto de la flor dorada), o la estética más descanada (Siete espadas), ya que Cheung apuesta por una puesta en escena sin florituras donde el guerrero “sufre” la guerra y sus consecuencias.
Jacob Cheung se aleja de cualquier tipo de escapismo para adentrarse en los estragos de la guerra y Battle of wits nos propone un análisis de la contienda bajo la coordinación defensiva, pero también bajo el pragmatismo y la fatalidad.


La historia de Battle of wits se sitúa en el período denominado de los “Reinos combatientes” entre los años 475-221 a.c. En esta época China estaba dividida en multitud de estados tratando de invadirse unos a otros. Antes de la unificación llevada a cabo por Qin Shin (El Primer emperador de China) las conquistas y las guerras configuraban el mapa estratégico de este vasto país.
Y es en este contexto donde la ciudad-estado de Liang se encuentra amenazada por el ansia de conquista del reino de Zhao. La ciudad amurallada de Liang sólo cuenta con un número reducido de soldados frente al extenso ejército del vecino Zhao, por ello pide ayuda a la tribu Mozi para que le envíen ayuda, y ante sus murallas se presentará un único hombre Ge Li (un Andy Lau sobrio y carismático) que seguidor de la filosofía Mozi basada en los principios del amor universal y la rectitud moral, guiará a la ciudad ante la cruel batalla con los invasores.

La filosofia Mozi, encarnada por el guerrero que viene a socorrer a la ciudad-estado, le sirve a su director para anunciar un alegato universal y pacifista ante los horrores de la guerra. Battle of wits reflexiona sobre la necesidad de defensa pero también subraya los debates éticos entorno a la lucha. Ge Li es estratega y arenga a la ciudad a defenderse ante el ataque del enemigo, pero también es recto, humilde y justo. Rechaza dormir entre sábanas de seda y prefiere descansar en los establos, no acepta la injusticia y viste con una simple túnica. Su carisma es tal que consigue una primera retirada del ejército rival y, paradójicamente, hace que el monarca de Liang recele de su poder. El hecho de que Ge Li se vea relegado por los celos del monarca expone los peligros del mal gobierno del monarca y la corrupción en la política que, a su vez, empaña cualquier legítima defensa del territorio.

Pero por encima de todo, aún a pesar de justificar la contienda el mensaje que prevalece en las palabras del guerrero Mozi es el del amor universal: “la guerra es dañina y los personajes que las dirigen responden a intereses particulares”. ¿Estamos por tanto ante un idealismo épico? ¿tanto ha querido alejarse Jacob Cheung de los dramas históricos de Zhang Yimou que ha apostado por un realismo “idílico”?, ¿ un guerrero que predica el amor universal como único camino hacia la paz?. Quizá el fondo se pierda en ecos pacíficos y la historia carezca de la emoción necesaria aún a pesar de implantarse bajo los cánones del realismo, pero en la forma es donde Cheung adquiere toda su credibilidad.
El director no cree en los dramas históricos con guerreros voladores en bosques de bambú que se valen de los famosos cables del cine hongkonés para poder volar. Los cuerpo a cuerpo no se proyectan en el aire, sino que las batallas de Cheung se rocían con el polvo del suelo, la tierra es campo de sudor y sangre.

No obstante la acción de la primera parte se transforma en diálogo en una segunda, tras la retirada de las tropas de Zhao. Y es aquí donde las piezas empiezan a no casar y el espectador de nuevo se pregunta ¿un pacifista convertido en estratega? Y donde los debates entorno a la batalla y sus repercusiones quedan enunciados pero no resueltos. Al pacifista se le destierra y se le dibuja un destino fatal y la guerra continua en vigencia a través de los siglos con sus estragos, con guerreros que dan su vida por causas justas o injustas y con gobernantes que tan sólo velan por sus intereses. Un realismo descarnado del que Jacob Cheung hace gala en todas sus películas.

domingo, 31 de octubre de 2010

You shoot, I shoot de Edmond Pang: cámara y gatillo están preparados.














El primer trajo Edmond Pang, al que muchas veces se le ha denominado como el perfecto irreverente con un gran toque de frescura dentro del panorama cinematográfico de la excolonia, responde al sello que ha demostrado a lo largo de su filmografía.
Ese despliegue un universo tan particular, donde los géneros se mezclan de tal forma que sólo el drama o la parodia pueden darles sentido, donde las mujeres y los hombres tienen grandes dificultades para entenderse (véase http://hongkongpasion.blogspot.com/2008/10/exodus-de-edmond-pangel-cine-negro-ms.html), y donde las situaciones caricaturescas alejadas de cualquier tipo de convencionalismo social se anteponen a la tradición de la industria (http://hongkongpasion.blogspot.com/2009/09/av-de-edmond-pang-aprender-de-los.html, aparecen ya en su primera película como director, I shoot, you shoot, pues no olvidemos que Pang ha desarrollado una gran carrera como guionista.
En esta ocasión aupado por sus colegas Raymond Wong como productor y Vincent como coguionista partió de una permisa absurda: ¿puede un asesino a sueldo convertirse en una estrella de cine? Y la desarrolló bajo la luz de las situaciones sinsentido, con toda la carga de parodia arropada por una consciente crítica soterrada hacia su industria, y a partir de una serie de actores-colegas y amigos que participan en varios cameos, con la sana intención de hacer algo fresco y diferente en el panorama del cine hongkonés.


A través de unos personajes que no sólo rayan la caricatura sino que están inmersos en ella Edmond Pnag fusiona, con la mirada que él solamente puede concebir, una fusión comercial entre el asesinato y la industria cinematográfica.

Un asesino a sueldo (Eric Kot mucho más contenido que en otras ocasiones) recibe el encargo de grabar sus actuaciones en video. Tras intentarlo por su cuenta se da cuenta que sostener una cámara y una pistola al mismo tiempo es prácticamente imposible, por ello contratará los servicios de un inocente Cheung Tat Ming que ha trabajado como ayudante de dirección en una película porno.
Y lo que en un principio comienza como una relación sinsentido amedrentada por el miedo a morir se irá convirtiendo en una sólida entente entre ambos mundos.

Las víctimas de sus películas reciben dos disparos el certero de la pistola y el que recrea su muerte cuando la cámara entra en acción. La comedia sirve para ponernos en situación y que el espectador comprenda esa alianza, pero bajo ese manto existen algunas piezas del puzzle con las que el director nos hace alguna que otra llamada de atención.
Por un lado hay que entender la película como una parodia, con un tono gamberro, hacia esas películas del thriller hongkonés que han proyectado un asesino frío, calculador que han visto ecos en análogos occidentales como Le samurai con Alan Delain. El propio Eric Kot tiene un poster en su casa con la cara de Delon y le pide consejo cuando se ve en una situación difícil. Esas películas que triunfaron en la edad dorada de los ochenta y de la que muchas veces sólo queda el recuerdo de las palomas blancas volando manchadas de sangre como santo y seña de John Woo. Aunque, siendo generosos podemos dar el beneficio de la duda al Sr. Pang y, ¿por qué no podemos pensar en un homenaje?

Por otro, el tono paródico quizá se transforme en irónico, en las distintas puntadas que el director da a su industria de la mano del cineasta de su historia. Un ayudante de dirección que ha estudiado cine en Estados Unidos y que idolatra a Martin Scorssese es una “divertida” forma de hacer un paralelismo entre dos formas distintas de entender la acción. Por ello no deja de ser cómico, incluso me atrevería a decir hilarante, la forma en la que el cineasta planea por donde viene la luz para la captación del ángulo, la importancia de los primeros planos…cuando su colega el asesino tiene claro que con un simple disparo basta. ¿Artesanía frente a industria? Aunque lanzo un dardo de mi propia cosecha ¿no ganó Scorsesse una ansiada estatuilla por hacer un remake de la magnífica Infernal Affairs?

Y por último, sin alejarse de su fresco humor, Pang también nos habla de las intersecciones entre mafia e industria. La última parte de la película, cuando se recrea el asesinato de uno de los jefes de la tríada, no deja de ser una enumeración de imposiciones que reclama la tríada al inmiscuirse en las películas. Desde el cambio de protagonistas, de actores, de guión…pues todo debe pasar por su supervisión como así parece que es en la realidad. El propio cineasta increpa a su colega el asesino al llamar éste a uno de los jefes de una banda y le dice: “…trabajando en la industria de Hong Kong una cosa he aprendido, pase lo que pase nunca llames a la Tríada…”

Y nos queda una última cosa que englobaría toda la historia y tiene que ver con la crisis económica que sufrió Hong Kong a comienzo del siglo XXI. ¿Tan mal estaba la situación que hasta un asesino debía de grabarse en video para publicitar sus trabajos?
El humor negro, tan característico de Edmond Pang, nos divierte al mismo tiempo que nos hace reflexionar sobre ese Hong Kong que a las postre no esta tan alejados de esas acciones disparatadas. Algunas escenas son tremendamente ingeniosas y divertidas y no hacen sino adelantar la sorprendente carrera de este director que, hasta la fecha, no se ha dejado casar por ningún género.

domingo, 24 de octubre de 2010

The longest nite de Partick Yau: “…nunca seas demasiado astuto…”








Aún a pesar de la corta filmografía de Patrick Yau, ligado con la Milkway la productora de Johnnie To, en sus películas podemos apreciar una conjunción perfecta entre ritmo y acción, así como una transición muy interesante entre los postulados que aprendió cuando trabaja a las órdenes de Jonh Woo y los nuevos matices que imponía el cine de To.
Sus películas reflejan la sana intención de jugar con los argumentos, de imbuir al espectador de corrientes novedosas, así como trabajar con historias crudas teñidas de fatalismo y pesimismo.
Si en su primera cinta, Odd one dies (1997) se adentraba en un pseudothriller romántico a través de una historia de perdedores en el Hong Kong de los bajos fondo antes de la devolución a China, en Longest Nite sus personajes se ven atrapados en un Macao nocturno en plena de bandas mafiosas. Y si en esta película el director nos introduce el fatalismo del destino, si bien en unos personajes corruptos y asesinos, en su siguiente película Except and unexcept (http://hongkongpasion.blogspot.com/2009/09/except-unexcepted-de-patrick-yau-nadie.html)volverá a insistir sobre el peso de fatalidad en unos policías que entre risas y profesionalidad sólo desempeñan su trabajo.
Sin lugar a dudas Patrick Yau es un referente a la hora de abordar la evolución del cine negro en la excolonia, su formación en el heroic bloodshed, junto con las idead de Johnnie To le han hecho merecer un lugar destacado en un thriller que huye de convencionalismo y se atreve con argumentos explosivos, crudos e inteligentes.


La ciudad de Macao sirve como escenario para el desarrollo de Longest nite, un thriller urbano, sin ningún tipo de concesión, donde la rudeza, la complejida y la violencia dominan toda la película.

La ciudad se nos presenta como un submundo oscuro, presidido por sus luces de neón, donde las mafias quieren repartirse el pastel de los casinos y donde las bandas se declaran la guerra. Los dos grandes epicentros se sitúan en la tríada del Señor K respetado jefe local, y en la del señor Lung que ha visto como su poder ha ido aumentando considerablemente. Pero la cúspide de la pirámide de poder no la dominan ellos sino el temido y poderoso Señor Hung preocupado por las extrañas alianzas de poder que pueden surgir entre las bandas rivales.

En un mundo como este la guerra puede estallar con un simple disparo y los personajes en los que se centra la historia acusan la decadencia propia del desgaste y la tensión. Tony Leung Chiu Wai (como siempre magnífico) interpreta a Sam un policía corrupto parte integrante de las mafias por ser uno de los hombres de confianza en la organización del señor Ka. Acostumbrado a convivir con la violencia no se inmuta cuando debe cumplir órdenes o limpiar la ciudad de asesinos a sueldos.
Como antagonista el impecable Lau Ching Wan metiéndose en la piel de Tony un personaje ambiguo y enigmático que le demuestra a Sam quién es el que verdaderamente maneja los hilos.
Como en la mayoría de las películas de la Milkway el duelo interpretativo se llena de tensión y calidad. Ambos actores engrandecen el guión acompañados por unas excelentes escenas de acción, una fotografía nocturna muy cuidada y una música compuesta por el mismísimo Raymond Wong. La escena final entre ambos puede definirse como una versión muy más sofisticada del heroic bloodshed, donde los tiros, el juego con los espejos, los tejados…adquieren un estilo más enigmático y tenso que las películas de Woo y compañía.

Patrick Yau se preocupa por añadir un componente de frialdad y realismos a su historia. A diferencia de Johnnie To no sorprende al espectador con un inicio explosivo, sino que más bien su guión parte de una típica guerra entre bandas por el domino de Macao, que se va a ir transformando paulatinamente en una historia compleja y enigmática que va a ir envolviendo a sus personajes en una serie de coincidencias – o no- en pos de su final decadente.

Longet nite demuestra que la astucia en la triada siempre es pisoteada por el poderoso, ningún sicario puede creerse con derecho a implantar su ley o su inteligencia porque al final siempre hay un Señor Hung que maneja el destino de sus subalternos, así lo dice uno de los subjefes de una de las bandas: “…nunca seas demasiado astuto” a no ser que quieras enfrentarte con tu destino.