lunes, 10 de mayo de 2010

Accident de Soi Cheang: al sello de la Milkway se le une el pesimismo de Cheang







Soi Cheang siempre ha sido un director valiente que, cansado de la imagen idealista que la cinematografía otorga a la sociedad, ha reflexionado sobre ella enmarcándola en su lado más pesimista.
Sus obras más interesantes (Love Battlefield y Dog bit dog – véaseDog bit dog de Soi Cheang: el thriller como muestra del pathos humano ) se afanan en mostrarnos una sociedad donde el ser humano se va asfixiando en una espiral de violencia que desemboca en un final fatalista. Sus protagonistas son individuos que muestran sus emociones y la complejidad de sus obsesiones, pero sobre todo experimentan el sufrimiento (el pathos) de su aciago destino.
Tanto Love Battlefield como Dog bit dog significaron un soplo de aire fresco en el panorama hongkonés, pero decepcionado por las escasa repercusión de Shamo, película ambientada en Japón que apostaba por esa línea de unión entre la violencia y el pesimismo, decidió hacer un giro en su carrera y asociarse con la Milkway (la mítica productora de Johnnie To) para llevar a cabo su última película.
En Accident se fusionan las inquietudes personales de Soi Cheang con lo más característico de la productora del rey midas hongkonés.


Si por algo se ha caracterizado Soi Cheang es por afrontar el thriller sin normas preestablecidas, su estilo redefinió el cine negro de la excolonia gracias a su austeridad narrativa y a los paisajes arenosos y sucios de sus películas anteriores.
Ahora con Accident el paisaje se ubica en una metrópoli agitada y bulliciosa, llena de peatones y de coches atascados. Es ahí donde comienza una historia en donde los asesinatos parecen accidentes y los asesinos meros viandantes que pasaban por allí.
Brain (un lacónico Louise Koo) es el cerebro de una banda de cuatros asesinos profesionales que consiguen que sus asesinatos parezcan accidentes. Uno de sus encargos terminará con la vida de uno de los integrantes y Brain se obsesionará por quién o quienes le han tendido una trampa.

El comienzo de la película no dista mucho de cualquier cinta de calidad de la Milkway. Como si de un reloj, con su perfecta maquinaria en donde todas las piezas encajan, se tratase la planificación del asesinato de un jefe de tríadas es impecable. Cheung se vale de una auténtica coreografía visual para mostrar el modus operandi de la banda.
Cheang demuestra cómo es posible seguir explotando un género, que en teoría está muy trillado, y sazonar sus ingredientes para mostrárselo al espectador como algo nuevo y sorprendente.
Pero ese juego con el espectador, esa marca del cine de entretenimiento que reta al espectador a jugar con él, dura y poco y paulatinamente el ritmo se va desacelerando para llegar al climax en el Cheang se siente más cómodo: la tensión psicológica con la que se enfrenta el personaje de Koo al adentrarse en un laberinto de desconfianza y obsesión.

De la violencia física de sus anteriores películas se pasa a otro tipo de violencia, la violencia mental en un intento de sondear las profundidades de la angustia psicológica. El cerebro de la banda vive en tal estado de desconfianza que, cuando uno de ellos muere en uno de los encargos, creerá que ellos mismos están probando la medicina que tantas veces han impartido. Una de las frases que más repite a sus compañeros es: “...No somos los únicos en este trabajo...”
Por ello comienza una feroz vigilancia hacia un ejecutivo de una empresa de seguros, haciéndole responsable de su fracaso. En este momento, curiosamente, la película adquiere un tono pausado y ligeramente melancólico, junto con una tensa narración, para llevar a cabo una de las persecuciones más inquietantes del actual cine hongkonés. Una caza del gato y del ratón que pone sobre el tapete las miserias humanas del perseguidor. En realidad ¿cómo puede una persona que planea cada golpe de una forma tan meticulosa, que parece que juega cara a cara con el destino, no pensar que su vida misma es una puesta en escena y que el mismo es un simple peón que va a ser atacado?
El protagonista tiene la sensación de vivir en un escenario y no en la vida real, de ahí el retrato psicológico con el que nos sorprende Cheang y la fuerte presencia fatalista con la que concluye la película. A este respecto el propio director comentaba en Venecia (Festival dónde se presentó la película): “...no me salen los finales felices. No creo que la naturaleza humana sea tan maravillosa. Creo que en la vida existe la fatalidad y el pesimismo, pero la gente lo encuentra feo e inaceptable...”

Cheang empuja a sus personajes a situaciones extremas donde la racionalidad se queda al margen y donde la paranoia explota en un clima atenazado por la tensión narrativa. Es grato comprobar cómo de la feliz unión entre la productora de Johnnie To y el cine Soi Cheang, éste no ha perdido su particular mirada hacia el pathos humano, y su tendencia a reflexionar sobre una sociedad que, para él, se mueve entre los parámetros de la violencia – este caso mental- y del fatalismo.

2 comentarios:

Chris Waltz dijo...

¡Impresionante el comienzo de este film!

Como bien dices, la secuencia inicial es 100% To, pero luego la velocidad cambia completamente, alejandose de las tipicas cintas de acción para entrar en algo mucho más interesante.

Gran peli, muy recomendable.

¡Un beso, Nuria!

Nuria Alvarez Macías dijo...

Cuánto bueno por aquí.
Hola Chris. A mí la peli me pareció bastante buena, sobre todo y tal como tu dice, por los cambios de rítmo, y por cómo Cheang mantiene su personalidad de director adaptándose muy bien a la milkway ¿verdad?
Un abrazo y hasta pronto

Nuria