domingo, 31 de octubre de 2010

You shoot, I shoot de Edmond Pang: cámara y gatillo están preparados.














El primer trajo Edmond Pang, al que muchas veces se le ha denominado como el perfecto irreverente con un gran toque de frescura dentro del panorama cinematográfico de la excolonia, responde al sello que ha demostrado a lo largo de su filmografía.
Ese despliegue un universo tan particular, donde los géneros se mezclan de tal forma que sólo el drama o la parodia pueden darles sentido, donde las mujeres y los hombres tienen grandes dificultades para entenderse (véase http://hongkongpasion.blogspot.com/2008/10/exodus-de-edmond-pangel-cine-negro-ms.html), y donde las situaciones caricaturescas alejadas de cualquier tipo de convencionalismo social se anteponen a la tradición de la industria (http://hongkongpasion.blogspot.com/2009/09/av-de-edmond-pang-aprender-de-los.html, aparecen ya en su primera película como director, I shoot, you shoot, pues no olvidemos que Pang ha desarrollado una gran carrera como guionista.
En esta ocasión aupado por sus colegas Raymond Wong como productor y Vincent como coguionista partió de una permisa absurda: ¿puede un asesino a sueldo convertirse en una estrella de cine? Y la desarrolló bajo la luz de las situaciones sinsentido, con toda la carga de parodia arropada por una consciente crítica soterrada hacia su industria, y a partir de una serie de actores-colegas y amigos que participan en varios cameos, con la sana intención de hacer algo fresco y diferente en el panorama del cine hongkonés.


A través de unos personajes que no sólo rayan la caricatura sino que están inmersos en ella Edmond Pnag fusiona, con la mirada que él solamente puede concebir, una fusión comercial entre el asesinato y la industria cinematográfica.

Un asesino a sueldo (Eric Kot mucho más contenido que en otras ocasiones) recibe el encargo de grabar sus actuaciones en video. Tras intentarlo por su cuenta se da cuenta que sostener una cámara y una pistola al mismo tiempo es prácticamente imposible, por ello contratará los servicios de un inocente Cheung Tat Ming que ha trabajado como ayudante de dirección en una película porno.
Y lo que en un principio comienza como una relación sinsentido amedrentada por el miedo a morir se irá convirtiendo en una sólida entente entre ambos mundos.

Las víctimas de sus películas reciben dos disparos el certero de la pistola y el que recrea su muerte cuando la cámara entra en acción. La comedia sirve para ponernos en situación y que el espectador comprenda esa alianza, pero bajo ese manto existen algunas piezas del puzzle con las que el director nos hace alguna que otra llamada de atención.
Por un lado hay que entender la película como una parodia, con un tono gamberro, hacia esas películas del thriller hongkonés que han proyectado un asesino frío, calculador que han visto ecos en análogos occidentales como Le samurai con Alan Delain. El propio Eric Kot tiene un poster en su casa con la cara de Delon y le pide consejo cuando se ve en una situación difícil. Esas películas que triunfaron en la edad dorada de los ochenta y de la que muchas veces sólo queda el recuerdo de las palomas blancas volando manchadas de sangre como santo y seña de John Woo. Aunque, siendo generosos podemos dar el beneficio de la duda al Sr. Pang y, ¿por qué no podemos pensar en un homenaje?

Por otro, el tono paródico quizá se transforme en irónico, en las distintas puntadas que el director da a su industria de la mano del cineasta de su historia. Un ayudante de dirección que ha estudiado cine en Estados Unidos y que idolatra a Martin Scorssese es una “divertida” forma de hacer un paralelismo entre dos formas distintas de entender la acción. Por ello no deja de ser cómico, incluso me atrevería a decir hilarante, la forma en la que el cineasta planea por donde viene la luz para la captación del ángulo, la importancia de los primeros planos…cuando su colega el asesino tiene claro que con un simple disparo basta. ¿Artesanía frente a industria? Aunque lanzo un dardo de mi propia cosecha ¿no ganó Scorsesse una ansiada estatuilla por hacer un remake de la magnífica Infernal Affairs?

Y por último, sin alejarse de su fresco humor, Pang también nos habla de las intersecciones entre mafia e industria. La última parte de la película, cuando se recrea el asesinato de uno de los jefes de la tríada, no deja de ser una enumeración de imposiciones que reclama la tríada al inmiscuirse en las películas. Desde el cambio de protagonistas, de actores, de guión…pues todo debe pasar por su supervisión como así parece que es en la realidad. El propio cineasta increpa a su colega el asesino al llamar éste a uno de los jefes de una banda y le dice: “…trabajando en la industria de Hong Kong una cosa he aprendido, pase lo que pase nunca llames a la Tríada…”

Y nos queda una última cosa que englobaría toda la historia y tiene que ver con la crisis económica que sufrió Hong Kong a comienzo del siglo XXI. ¿Tan mal estaba la situación que hasta un asesino debía de grabarse en video para publicitar sus trabajos?
El humor negro, tan característico de Edmond Pang, nos divierte al mismo tiempo que nos hace reflexionar sobre ese Hong Kong que a las postre no esta tan alejados de esas acciones disparatadas. Algunas escenas son tremendamente ingeniosas y divertidas y no hacen sino adelantar la sorprendente carrera de este director que, hasta la fecha, no se ha dejado casar por ningún género.

2 comentarios:

Chris W. dijo...

A ver si la localizo, que tal como la pintas, parace muy buena.

Un beso!

nuria dijo...

Hola Chris,¡cuánto tiempo!.
Pues el infant terrible del cine hongkonés, te gusta o no te gusta.
Yo me cuento entre sus admiradoras pero cuánto menos hay que ver sus películas para comentar.
Sin lugar a dudas es un referente del cine de Hong Kong.
Ya me dirás